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AUTOSABOTAJE EN LAS RELACIONES Del querer y no querer estar en una relación estable

“Ahora que él no puede tenerla, piensa que no puede vivir sin ella.
Algunas personas son graciosas.”
Película: Alfie ¿De qué se trata?

Cómplice de camino ¿Cuántas personas se encuentran buscando a la pareja ideal? Muchísimas, y sabes algo, la locura de esta búsqueda radica en que, al idealizar tanto esa potencial relación, la vuelven imposible, inalcanzable. El excesivo anhelo romántico les juega en contra, lo cual más que contradictorio, es en realidad, paradójico.

Una de las formas seguras de no lograr una relación, es hacerla irreal, elevar tanto las expectativas que tenemos, que la probabilidad de cumplirlas sea prácticamente cero. Con ello estamos muy bien justificados para entrar en un ciclo de búsqueda, ilusión y desilusión continua, el cual nos permite habitar en la incómoda seguridad de nuestro aislamiento.

Nos quejamos de lo desafortunado de nuestras búsquedas, sin darnos cuenta de que somos los responsables de perseguir quimeras y fuegos artificiales que creamos alrededor de personas, y que, cuando se disipan, al igual que “Penélope” en la canción de Serrat, no son quienes esperamos.

Otra de las formas que usamos inconscientemente para no estar en una relación estable, es buscar relacionarnos con alguien que no tiene justamente lo que necesitamos en una relación. ¿Por qué insistimos en estar con quien no quiere estar con nosotros? o ¿Insistimos en recibir reconocimiento de una persona que solo se ve a sí misma? o ¿Demandamos contacto físico de personas distantes y secas?

Insistimos, demandamos, manipulamos y usamos cualquier otra estrategia para lograr “cambiar” al otro, buscando se convierta en lo que necesitamos o esperamos que sea. En las relaciones, si quieres ver el final, tan solo ve el principio. No vas a hacer limonada si no cuentas con los ingredientes necesarios: limones, agua y azúcar; y si no los tienes de inicio, tampoco los tendrás después.

También hay quien siempre está muy ocupado como para tener una relación o incluso para arreglarse o para salir. Claro, primero hay que trabajar, después hay que hacerse cargo de alguna afición, la maestría, el perro, etc. El estar muy poco disponible y no poner el tiempo y los cuidados necesarios para que una relación madure y se fortalezca, seguro nos evitará el cambio y compromiso que adquiríamos con una.

En realidad, somos muy ingeniosos para encontrar formas de relación o evasión que nos permiten no establecer la relación adecuada, pero ¿por qué hacemos eso? !Suena a locura pura!

Si, suena completamente ilógico que, si tenemos un anhelo tan grande de una relación estable, seamos nosotros mismos, quienes inconscientemente mermamos la posibilidad de establecernos en pareja.

El responsable de esta aparente “locura” es uno de los arquetipos más difíciles de identificar y de aprender a hacernos cargo de él: es el Saboteador. La misión de este arquetipo, que todos tenemos en nuestro inconsciente, es mantener el statu quo; es decir, impedir que algún cambio pueda desestructurar las bases de creencias y rutinas que hemos aprendido y que, de alguna manera, sentimos que “controlamos”.

Cada vez que un cambio significativo se vuelve inminente en tu vida, como el de comprometerte a nutrir una relación estable, si éste amenaza con tirar cimientos con los que creciste, incluso aquellas creencias disfuncionales y hoy “obsoletas” de cómo opera una relación, el Saboteador gustosamente entrará en acción buscando impedírtelo y te reorientará a lo “conocido”.

Para saber cuáles son los contenidos y las bases bajo las cuales opera nuestro programa de autosabotaje en las relaciones, es necesario explorar en nuestra historia de vida, identificando lo que nos compramos sobre lo que es una relación, su dinámica y funcionamiento y sus valores, así como traer a nuestro escenario de consciencia las experiencias que hemos acumulado alrededor de estos temas.

Si en este momento tu Saboteador te dice que el artículo está muy largo y que se ve aburrido, no lo escuches y sigue leyendo, sólo está respondiendo ante la amenaza de ser descubierto y transformado.

Te invito a que evoques recuerdos de relaciones importantes, tanto tuyas como de personas cercanas y significativas a tu alrededor, y que te hagas las siguientes preguntas de reflexión y anotes tus respuestas:

  • ¿Cómo lograban obtener lo que necesitaban el uno del otro?
  • ¿Cuál era la queja recurrente que se hacían el uno al otro?
  • ¿En qué cosas dependían por completo el uno del otro?

Al contestarte estas preguntas notaste que:

  • Existía una gran dependencia entre las personas.
  • Se relacionaban con altos niveles de manipulación y/o chantaje.
  • Vivían con una crónica insatisfacción por no obtener lo que esperaban.

Con esta calidad de material dentro de ti, ¿qué clase de instrucciones tiene el programa que rige el tipo de relaciones que buscas? Ahora imagina que este programa tiene por guardián al Saboteador, y que cuando tratas de alejarte de las instrucciones que tiene grabadas hace lo impensable para reorientarte a lo que conoces, aun cuando esto implique que no obtengas lo que conscientemente quieres.

El Saboteador es el mecanismo infantil que inconscientemente busca la repetición de lo conocido, si no es redirigido conscientemente, nos puede hacer regresar continuamente a lugares donde incluso hay dolor e insatisfacción. Nuestro saboteador no es del todo malo, y cuando aparece, nos señala que nuestros miedos a lo nuevo han crecido a tal grado, que estamos convencidos de que cualquier acción en una dirección diferente a la conocida nos llevará a un lugar de muerte. A esto le llamamos la fantasía catastrófica.

¿Cómo hacerle frente a nuestro autosabotaje en las relaciones?

En mi libro ISEO “Inteligencia Simbólica y Efectividad Organizacional” al arquetipo del Saboteador junto con otros 3 más (Víctima, Prostituta y Niño Herido) los llamo (al igual que Caroline Myss en su libro “El Contrato Sagrado) Arquetipos de Supervivencia. Estos arquetipos representan comportamientos extremos que activamos inconscientemente cuando enfrentamos algo que percibimos como una amenaza. Así que lo primero que necesitamos reconocer es que una relación estable, aunque nos sea deseable nos puede dar pavor, y por ende necesitamos explorar este miedo.

Admitir nuestro miedo y poder expresarlo sin freno, de inmediato nos hará darnos cuenta de que éste ha crecido en nuestro interior a proporciones fuera de realidad. El solo haber traído esta fantasía catastrófica a la consciencia ya nos estará ayudando a darle una dimensión más realista. La primera pregunta que nos debemos hacer después de expresar la fantasía catastrófica es:

¿Qué de todo esto que tengo miedo de que suceda, es realmente factible?

Aterrizar nuestro miedo en un marco de realidad nos permite lidiar con él de una forma más racional vs dejar que nuestro saboteador nos lleve a evadirlo y nos reoriente a lo conocido.

Es muy común también el pensar que vamos a repetir la historia de alguien más, sobre todo la de mamá y papá o incluso, la nuestra de nueva cuenta. Es importante reconocer que hoy somos personas con más recursos, habilidades y madurez que quienes fuimos tiempo atrás; y que, además, el hecho de que nuestros padres no lograran relacionarse sanamente, no significa que nosotros estamos destinados a repetir su historia.

Puede que trabajar en todo esto requiera de contar con alguna ayuda externa como la de un coach o un terapeuta; alguien que pueda ayudarte a tomar la distancia crítica de tu historia, te ayude a identificar tus creencias negativas sobre una relación y la forma tan ingeniosa y sutil como te autosaboteas.

Yo suelo llamar al Saboteador la “trucha enjabonada”, pues los mecanismos que usa para lograr evitar un cambio y reorientar a lo conocido son sutiles, ingeniosos, escurridizos y muchas veces están muy bien sustentados con argumentos tan sólidos que me autoconvenzo de que estoy haciendo “lo correcto”.

Por último, me gustaría invitarte a hacer una lista de las situaciones a las que te enfrentarías si formaras una relación estable y que reconozcas qué emociones se despiertan con cada una de ellas.

Por darte algunos ejemplos, enfrentarse a:

  • Compartir el tiempo y abrir espacio en la agenda, y a veces incluso en la casa, para incluir a alguien más.
  • Estar continuamente balanceando mis necesidades personales con las de otra persona.
  • Habilidades para tocar temas sensibles como sexualidad, higiene, hábitos, familia, religión, dinero, valores, etc.
  • Usar la creatividad para mantener la chispa de la relación viva y no dejar que se haga presa de la rutina.
  • Convivir con círculos nuevos de amigos y la familia extendida de alguien más.
  • Tener la inteligencia emocional para saber dirigir, expresar y gestionar las emociones que las diferentes situaciones del día a día traen consigo.
  • Permitirse la vulnerabilidad y la humildad para dar y/o recibir ayuda de alguien más.

Si eres honesto contigo verás que muchas de ellas te provocan miedo, enojo o incluso rechazo.  Está bien, nadie dijo que formar una relación estable fuera fácil. Ahora que sabes mucho más de ti, puedes hacerte de más habilidades y herramientas para relacionarte de forma sana y funcional. No permitas que el Saboteador guíe tus relaciones a lo “conocido” y disfuncional.

Muchos anhelan encontrar a su media naranja, la han soñado, descrito a detalle e incluso en sueños y en canciones le han acariciado, pero ¿podrían manejar una relación funcional y estable si la encontraran?

Si esto te hizo sentido, te invito a que asistas a nuestro próximo taller “Relaciones Sanas y Funcionales” en la Ciudad de México el próximo 9 y 10 de noviembre.

Para mayores informes e inscripciones da clic en:

https://desdeelfondo.net/relaciones-Sanas-y-Funcionales/

Un abrazo como siempre Desde el Fondo del Estanque de Narciso

Héctor Cerbón

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